Buenos días viernes 27 de marzo

LECTURA DE EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: 

–Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. 

Jesús le dijo: 

–Tu hermano resucitará. Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? 

Ella le contestó: 

–Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. 

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: 

–Quitad la losa. 

Marta, la hermana del muerto, le dijo: 

–Señor, lleva cuatro días. 

Jesús le replicó: 

–¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? 

Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: 

–Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado. 

Y dicho esto, gritó con voz potente: 

–Lázaro, sal afuera. 

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: 

–Desatadlo y dejadlo andar.

 REFLEXIÓN 

Jesús resucita a su amigo Lázaro. Ese día sí que cambió la historia de Lázaro. Lázaro había vivido el fin de su historia, había muerto, pero Jesús la convirtió en un nuevo inicio, le devolvió a la vida. En estos días, que están siendo históricos para todos pues nunca habíamos vivido nada parecido, vamos a pedirle a Jesús que nos dé esa nueva vida que nos viene a traer en la ya muy cercana Pascua. Pidámosle que llene nuestra historia y la Historia de nueva vida, de vida nueva. 

Necesitamos mucha esperanza, por eso, en esta semana próxima cuando veas a los tuyos en casa algo más desanimados, ve y dale un abrazo. Un abrazo de esos de los que “resucitan”, que nos hacen sentirnos queridos, acompañados… Y si en una de las numerosas llamadas que recibimos o de los innumerables wasap que intercambios, notamos que alguien de los que están lejos, fuera, está desanimado o está pasando un mal momento, transmítele fuerza, alegría, dale un “abrazo virtual”. Así nos llenaremos de esa VIDA que nos da Jesús. 

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